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La guía irremplazable del Espíritu Santo

Margarita de Michelén

Algunas de las asignaciones que Dios dio a la mujer: ser «ayuda idónea» y «dadora de vida». Ser ayuda y dar vida son características de Dios el Padre que Él se complace en modelar por medio de nuestra feminidad. Son a la vez características que también pertenecen al Espíritu Santo.

En el Antiguo Testamento vemos que el Espíritu capacita a personas ordinarias para tareas extraordinarias: profetas, jueces, reyes, etc. Pero de una manera preciosa lo vemos venir sobre «el Tronco y Vástago de Isaí», el Mesías prometido: Y reposará sobre Él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor (Isa. 11:2).

Y es ese mismo Espíritu el que está a nuestra disposición para aquellas labores y tareas que Dios nos encomendó en nuestros matrimonios, las cuales a veces nos parecen titánicas y demasiado grandes para sobrellevarlas. Diariamente debemos pedirle Su ayuda para enfrentar los retos, desafíos, pruebas y tormentas que se nos presentan.

Saber que no estamos solas, y que Él se nos describe a sí mismo como: Garantía, Guía, Consolador, Consejero, Maestro, Abogado, Defensor, Intercesor, Ayudador, Espíritu de Sabiduría, Espíritu Santo de la promesa, quien mora en nosotros es algo que sin duda alguna puede obrar grandes transformaciones en nosotras de modo que, como mujeres sabias, edifiquemos nuestros matrimonios y hogares.

Siendo receptoras de tantas bendiciones estaremos capacitadas por el Espíritu para:

  1. Fortalecer y animar a nuestro esposo (Hechos 9:31)
  2. Aconsejarlo (Juan 14:16)
  3. Orar e interceder por él (Romanos 8:26)
  4. Mantener la unidad (Efesios 4:3)
  5. Dar gozo y paz (Romanos 14:17)
  6. Consolar, sanar (Isaías 61:1-3)
  7. Dar alegría (Isaías 61:1-3)
  8. Restaurar, ministrar (Isaías 61:4,6)

Como vimos, como Sus hijas, no es pequeño el privilegio al cual el Dios Trino nos llamó. Porque para gloria suya fuimos creadas, nuestras asignaciones son simplemente… ¡hermosas!

Al analizar nuestra tarea vemos cómo fuimos llamadas para crear un impacto de repercusiones eternas en nuestros matrimonios, familia, hogar, sociedad e iglesia. Fuimos llamadas a cohesionar, unir, animar, interceder, santificar y edificar.

Para estas cosas, ¿quién será suficiente? ¡Nadie! Pero contamos con la gloriosa y persuasiva promesa de que: … el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús (Fil. 1:6). Así que: ¡Ánimo! El que está por nosotras es mayor que cualquier reto, desafío o encomienda.

Un fragmento del libro Mujer verdadera (B&H Español)

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