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Lecturas para crecer

Cuatro maneras en que la Palabra de Dios nos auxilia

Por: Esther St. John  

La memorización de versículos bíblicos ha sido una disciplina que me inculcaron desde muy pequeña. Mi madre cuenta que, desde los tres años, podía recitar completo el Salmo 91, un pasaje que hasta el día de hoy ha sido de mucha bendición para mi vida. Sin embargo, durante muchos años no comprendí realmente por qué era necesario atesorar la verdad de Dios en mi corazón. 

Sentía que el consejo venía de todas partes, pero nadie me daba una razón clara de por qué. «Vas a ser sabia», me decían. Pero yo me preguntaba: ¿Qué es la sabiduría? ¿Cómo se ve la sabiduría en mi vida? En mi mente, todo se reducía a reglas que no siempre comprendía. Al final del día, el único beneficio que veía era sentirme orgullosa de mí misma por poder recitar los versículos y obtener un 10 en mi clase de Biblia. 

Después de varios años, mi perspectiva comenzó a cambiar cuando fui discipulada por la esposa de mi pastor en aquel entonces. Ella me enseñó la importancia de no solamente conocer y meditar en la Palabra, sino también de comprender cómo la verdad de Dios debe impactar nuestra vida diaria. Me enseñó que la verdadera sabiduría no consiste simplemente en acumular conocimiento bíblico, sino en permitir que la Palabra transforme nuestro corazón y produzca una respuesta de obediencia. 

Fue entonces cuando comencé a entender que la Biblia no es simplemente un libro que debemos conocer. Es la Palabra de Dios que nos enseña quién es Él, revela quiénes somos nosotros y nos muestra cómo debemos vivir delante de Él. 

La suficiencia de la Palabra de Dios 

En 2 Timoteo 3, Pablo le advierte a Timoteo acerca de los tiempos difíciles que vendrían y de personas que tendrían apariencia de piedad, pero negarían su poder (2 Tim. 3:1-5). En medio de esta advertencia, Pablo dirige nuevamente a Timoteo hacia la verdad que había aprendido. 

Le dice: «Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Tim. 3:14-17). 

En estos versículos encontramos cuatro maneras en las que la Palabra de Dios nos auxilia en la vida cristiana: nos enseña, nos redarguye, nos corrige y nos instruye en justicia. 

1. La Palabra de Dios nos enseña quién es Dios y quiénes somos nosotros 

La primera manera en que la Escritura nos auxilia es enseñándonos la verdad. 

La Biblia nos enseña quién es Dios. A través de ella, Dios se revela y nos permite conocer Su carácter, Sus atributos y la manera en que se relaciona con nosotros. Desde el principio de la Escritura vemos que Él es el Creador: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gén. 1:1). También aprendemos que Él es el único Dios verdadero (Deut. 6:4; Isa. 44:6), santo (Isa. 6:3), justo (Sal. 145:17), bueno (Sal. 34:8) y misericordioso (Éx. 34:6). 

Pero la Biblia no solamente nos enseña quién es Dios; también nos enseña quiénes somos nosotros. Fuimos creados a imagen de Dios (Gén. 1:27) y hechos de manera maravillosa (Sal. 139:13-14). Sin embargo, también somos pecadores y estamos separados de Dios por causa de nuestro pecado (Rom. 3:23; Isa. 53:6). 

La Escritura nos muestra que nuestra mayor necesidad no es simplemente mejorar nuestro comportamiento, sino ser reconciliados con Dios. Por medio de Jesucristo podemos recibir perdón y ser adoptados como hijos de Dios, como leemos: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1:12). 

Por eso, conocer la Biblia no es simplemente adquirir información. Conocer la verdad acerca de Dios transforma la manera en que vivimos. Jesús dijo que la vida eterna consiste en conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien Él envió (Juan 17:3). 

2. La Palabra de Dios nos redarguye 

La palabra redargüir1 significa reprender, convencer de un error o mostrar que algo está equivocado. La Palabra de Dios no solamente nos enseña lo que es verdadero; también expone aquello que pensamos, creemos o hacemos que no está de acuerdo con la verdad de Dios. En Hebreos 4:12 leemos: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón». 

La Escritura tiene la capacidad de mostrarnos lo que muchas veces nosotros mismos no podemos ver. Por ejemplo, mi hijo de 4 años sabe que mamá lo ama mucho. Sin embargo, cuando es disciplinado por desobedecer, puede sentirse tentado a pensar: «Mamá ya no me quiere». Pero como padres sabemos que la disciplina no significa ausencia de amor. Al contrario, la disciplina es una expresión de amor que busca el bien del hijo. Proverbios 3:11-12 dice que Dios disciplina a quienes ama, como un padre al hijo a quien quiere. 

De la misma manera, cuando enfrentamos circunstancias difíciles, pueden salir a la superficie creencias equivocadas acerca de Dios. Quizás comenzamos a cuestionar Su bondad, justicia o incluso Su amor por nosotros. 

Muchas veces estas creencias estaban escondidas en nuestro corazón y no nos dábamos cuenta de que estaban allí hasta que una situación difícil las reveló. Es por eso que la verdad bíblica es tan necesaria. La Palabra de Dios confronta nuestras interpretaciones y nos lleva a preguntarnos: ¿Lo que estoy creyendo acerca de Dios realmente es verdad? 

Pablo le recuerda a Timoteo que enfrentaría oposición y engaño, y por eso debía permanecer firme en lo que había aprendido (2 Tim. 3:12-14). Nosotros también necesitamos permanecer firmes en la verdad cuando nuestras circunstancias intentan convencernos de creer algo diferente. 

3. La Palabra de Dios nos corrige  

La Palabra de Dios no solamente señala nuestros errores; también nos ayuda a regresar al camino correcto. 

La corrección bíblica no tiene como propósito simplemente hacernos sentir culpables. Su propósito es llevarnos al arrepentimiento, restaurarnos y enseñarnos a caminar nuevamente en obediencia. Proverbios 6:23 dice: «Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen». La Palabra funciona como una luz que revela dónde estamos y nos muestra hacia dónde debemos caminar. 

Recuerdo muy bien cuando perdí a mi hermana mayor. Ella falleció de un ataque cardíaco mientras dormía. Recuerdo estar molesta con Dios porque se la había llevado de una manera que yo siempre había temido. En mi mente conocía las verdades de Dios, pero mi corazón estaba profundamente herido. Estaba confundida y llena de preguntas. Fue allí donde Dios me dirigió al libro de Lamentaciones. Nunca antes había leído ese libro desde una perspectiva de dolor como la que estaba experimentando en ese momento. En medio de mi sufrimiento, Lamentaciones 3:21-23 me llevó nuevamente a recordar la fidelidad de Dios: «Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos… Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad». 

La Palabra no eliminó inmediatamente mi dolor, pero corrigió mi manera de interpretar mi sufrimiento. Me recordó quién era Dios cuando mis emociones me decían otra cosa. 

Los Salmos también nos muestran que podemos llevar nuestro dolor delante de Dios y, al mismo tiempo, regresar a la verdad acerca de quién Él es (Sal. 13; 42; 73). 

Por medio de Su Palabra, Dios corrigió mis pensamientos con verdad, amor y compasión. 

4. La Palabra de Dios nos instruye en justicia 

Finalmente, 2 Timoteo 3:16 dice que la Escritura es útil para «instruir en justicia». 

La Biblia no solamente nos dice qué creer; también nos enseña cómo vivir. 

La Palabra nos instruye sobre cómo caminar en obediencia, cómo relacionarnos con Dios y con los demás, cómo responder al sufrimiento, cómo luchar contra el pecado y cómo vivir de una manera que honre al Señor. 

El Salmo 119:9 pregunta: «¿Con qué limpiará el joven su camino?». Y responde: «Con guardar tu palabra». Unos versículos después, el salmista vuelve a expresar esta misma verdad: «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti» (Sal. 119:11). 

Guardar la Palabra en nuestro corazón no consiste solamente en memorizarla, sino en permitir que guíe nuestra manera de vivir. Por eso, Proverbios 3:5-7 nos llama a confiar en Dios de todo corazón, reconocerlo en todos nuestros caminos y apartarnos del mal. La instrucción bíblica nos enseña a depender de Dios en lugar de confiar en nuestra propia sabiduría. 

Esta instrucción, sin embargo, no debe quedarse solamente en lo que conocemos, sino reflejarse en nuestra obediencia. Santiago 1:22 añade: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores». 

El propósito de conocer la Palabra no es simplemente poder explicar un pasaje, memorizar un versículo o responder correctamente una pregunta bíblica. El propósito es que la verdad de Dios transforme nuestra vida y produzca obediencia. 

Conclusión 

La Palabra de Dios no es simplemente un libro de información espiritual ni un conjunto de principios para la vida. Es la Palabra de Dios, inspirada por Él, suficiente para enseñarnos, redargüirnos, corregirnos e instruirnos en justicia. 

Por eso, memorizar la Escritura es una disciplina valiosa. Pero memorizarla no debe ser el punto final. Debemos meditar en ella, como enseña el Salmo 1, y permitir que transforme nuestra manera de pensar y vivir. 

Cuando leemos la Biblia, podemos preguntarnos: 

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová (Prov. 1:7). La verdadera sabiduría comienza cuando conocemos a Dios, creemos lo que Él ha revelado y aprendemos a vivir de acuerdo con Su verdad. 

Como declara el Salmo 19:7-8: «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; 
El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos». 

La Biblia no solamente nos dice qué es verdad; nos enseña cómo vivir en la verdad. Nos muestra quién es Dios, revela nuestro corazón, confronta nuestras mentiras, corrige nuestro camino y nos prepara para vivir para Su gloria. 

«A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra». (2 Timoteo 3:17).


Recomendaciones de la autora:  
Mujer de la Palabra: Cómo estudiar la Biblia con mente y corazón. ISBN 9781433691744 
Biblia para todas: El conocimiento de la Palabra que todas necesitamos. ISBN 9781087734149 
RVR 1960 Biblia de estudio para mujeres, tapa dura. ISBN 9781433613999 


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