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Por: Fernanda González 

Esperar. Una palabra que, con tan solo leerla, puede producir un poco de desesperación. 

Esperar parece ser un momento eterno para nosotras, que como jóvenes muchas veces somos impacientes. Queremos que nuestras oraciones sean contestadas, nuestros problemas sean resueltos, nuestros deseos sean cumplidos, nuestras angustias sean quitadas y nuestras preocupaciones sean eliminadas. 

Tal vez has pasado meses orando por una oportunidad laboral, por ese examen en la universidad de tus sueños o para que Dios te muestre si ese chico es el indicado. Como criaturas finitas, podemos desesperarnos y frustrarnos cuando creemos erróneamente que Dios no nos escucha o que no contesta a nuestro clamor. 

Correr en vez de esperar 

Durante nuestra juventud tendremos que tomar decisiones importantes, algunas de las cuales pueden afectarnos para bien o para mal. En esos momentos, necesitamos confiar en que Dios abrirá y cerrará los caminos conforme a Su voluntad y que aun aquello que no entendamos nos ayudará para nuestro bien (Rom. 8:28). Por eso, en lugar de apresurarnos, debemos confiar plenamente en Él y en Su propósito para nuestra vida. 

Muchas veces, como una mujer joven, he desconfiado del plan que Dios tiene para mí. El temor se adueña de mis pensamientos y me lleva a imaginar un futuro lleno de dificultades. Entonces, las mentiras que el enemigo pone en mi corazón empiezan a influir en mis decisiones, hasta hacerme creer que mi plan es mejor que el que Dios ha diseñado para mí. Pero en esos momentos debo recordar algo: el Señor es quien tiene la pluma, no yo. Él ha escrito mi historia y es quien controla cada detalle conforme a Su voluntad. 

El futuro desconocido 

Cuando era adolescente, el futuro despertaba muchos temores en mí: ¿Qué sería de mi vida? ¿Qué debía hacer en el presente que pudiera ayudarme en el futuro? ¿Qué estudiaría? ¿Seguiría mis sueños? Miles de preguntas daban vueltas por mi cabeza. Pero, en una ocasión, escuché en un podcast una frase que me marcó profundamente: 

«Nunca tengas miedo de confiar un futuro desconocido a un Dios conocido».  

—Corrie ten Boom. 

Recuerdo haberla escuchado y pensar: ¿Por qué no habría de descansar en quien es el Principio y el Fin? ¿Por qué no confiaría en un Dios que es inmutable y que conoce lo que vendrá? El futuro era desconocido y tenebroso, pero a mi lado estaba un Dios que, en cada página de la Biblia, se revelaba y me mostraba Sus atributos. Era momento de creer que Él era el Autor de mi futuro, aun cuando todo parecía estar en silencio. 

Dios obra en medio del silencio 

El silencio de Dios puede ser muy angustiante para nosotras. Oramos, esperamos y pareciera que Dios no contesta. Sin embargo, Su silencio no significa Su ausencia. Aun cuando no podemos ver lo que está haciendo, Él obra en medio de nuestra angustia y moldea nuestro carácter para hacernos crecer. Él quiere que entreguemos todos nuestros planes y confiemos plenamente en Él. 

Dios ve un panorama que nuestra mente limitada y nuestra alma turbada no alcanzan a contemplar. Nosotras solo vemos la montaña que tenemos delante, pero no nos damos cuenta de que después viene un valle donde podremos descansar. Nos enfocamos tanto en nuestro dolor presente que se nos olvida que pronto pasará. El salmista conoció esa misma angustia: «¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez por la salvación de Su presencia» (Sal. 42:5, NBLA).  

Mientras esperamos en Dios podemos alabarlo por Sus bondades y Su fidelidad. Debemos cultivar corazones agradecidos para que la espera no dé lugar a la amargura. No podemos controlar los tiempos de Dios, pero sí nuestra reacción a la adversidad. Nosotras elegimos si nos hundimos en nuestro dolor, tristeza y amargura, o nos anclamos en Cristo, la Roca eterna (Isa. 26:4).  

¿Qué hago mientras espero en Dios? 

1. Recuerda constantemente quién es Dios. 

Conocer Su carácter nos enseña a confiar en Él. En cada momento difícil de nuestra vida conocemos a Dios de manera personal. Tal vez estás pasando por un momento difícil en tu economía, recuerda que Dios es Jehová-Jireh, el Dios que provee lo que necesitas. Quizás atraviesas momentos de ansiedad y depresión, recuerda que Él es omnisciente: conoce perfectamente tu corazón, incluso tu más grande tristeza, temor y preocupación. En cada situación, aprende a observar cómo Dios obra aun en lo secreto y reconoce Su cuidado en tu vida. 

2. Llénate de Su Palabra.  

Al leer la Escritura nuestras fuerzas son renovadas, nuestra mente se llena de Su verdad y nuestro corazón es alentado a esperar en Dios. Memoriza Su Palabra, busca pasajes específicos que te infundan aliento y paz para la situación que estás pasando y medita en Sus verdades. 

3. Ora y rinde tus temores al Señor. 

Ora para que nuestro Señor te dé sabiduría para tomar decisiones que lo glorifiquen y te ayude a mantener tus ojos en Cristo. Ora para que te haga crecer en paciencia y para que en medio de este proceso Él te haga más como Jesús.  

Ora para permanecer firme en medio de las tormentas de la vida y para que tu alma no deje de aferrarse a Sus promesas. Clama para que todo temor sea quitado. Pon tu confianza en Jesús y no en tu propia capacidad para controlar lo que sucederá. 

4. Agradece por lo que Él te ha dado. 

Alábalo por la salvación que te ha brindado, por la salud, por tu familia, por la iglesia local, por Su presencia, y por el privilegio de crecer junto a otros creyentes. Puedes tomar un momento del día para escribir las maneras en que Dios te mostró Su amor y meditar en ellas.  

¡Rinde todo ante Él! 

«Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor» (Sal. 27:14, NBLA).  

En medio de la desesperación rindamos nuestras almas a Cristo. Llevemos nuestras cargas, opresiones, angustias y ansiedades a Cristo, y Él nos dará paz y aliento a nuestro corazón. Fijemos nuestros ojos en Cristo porque de Él viene nuestra esperanza (Sal. 62:5). 

En nuestra juventud necesitamos aprender a esperar en Él y guardar silencio para escuchar Su guía. Ora para que tu mente se llene de paz en medio de la tormenta. Recuerda que Dios conoce nuestras alegrías y nuestras lágrimas, nuestro paseo en el valle y la travesía en la montaña, nuestras noches de sueño y nuestras noches de incertidumbre. Nuestra historia es parte de Su historia, el final le corresponde a Él y puedes confiar que estará con nosotras hasta el fin de los tiempos. Él tiene el tiempo en Sus manos. ¡Así que corre en tu aflicción al Buen Pastor y Él te librará! Por eso, cuando la espera parezca demasiado larga, recuerda las palabras del salmista: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas» (Sal. 46:1-3). 


Recomendaciones para la lectora:  

Brilla cada día: 90 devocionales para jovencitas. ISBN 9798384536833  

Palabra – Estudio bíblico: Un año de lecciones con sabiduría bíblica para jóvenes. ISBN 9781087773209  

Líder de jóvenes: 12 marcas para impactar a las nuevas generaciones. ISBN  9781087776170   


Fernanda González tiene 19 años. Estudia Comunicación Digital y Periodismo en la Universidad de Guadalajara y un Diplomado en Estudios Bíblicos en el Instituto Integridad y Sabiduría. Sirve junto con su familia en la Iglesia CC Vida Nueva en Sinaloa, México.   

Desde temprana edad, Fer ha servido en distintos ministerios y ha disfrutado de la lectura y la escritura.   

Puedes encontrar algunos de sus escritos, poemas y recomendaciones literarias en Instagram como: Fernandagonzalez.blog  

Fer ama escuchar música, tomar café, capturar momentos con su cámara y la repostería. 

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