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Isaías 53:4 (RVR 1960)

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Pastor José Mercado, Puerto Rico

Jesús nació para morir. Su venida a este mundo no tenía otro propósito que dar Su vida por nosotros. La época navideña evoca muchos sentimientos de ternura. Todos tenemos la imagen del nacimiento del niño junto a Su madre en el pesebre de Belén. A todos nos gustan los bebes, recuerdo el nacimiento de mis dos hijos y al ellos nacer uno tiene sueños para ellos. Lo que muchas veces olvidamos es que cuando Jesús se encarnó Su destino era la cruz. Nunca podemos divorciar el nacimiento con la muerte porque la misión de Jesús era la de salvar a Su pueblo de sus pecados. Jesús vino a este mundo para morir en nuestro lugar. El niño que nació en Belén vivió una vida perfecta que tú y yo no podíamos vivir para poder ser declarados justos en Él. El niño de Belén murió la muerte que tú y yo merecíamos para poder ser perdonados de nuestros pecados. Él fue despreciado, desechado, afligido y poco estimado para que tú y yo fuéramos apreciados, aceptados, bendecidos y estimados por Dios. El niño de Belén fue herido por Dios, porque El cargo nuestros pecados y recibió la ira de Dios que tú y yo merecíamos. En esta época de advenimiento la imagen del niño nos recuerda el sacrificio del cordero inmolado y nuestros corazones se regocijan en la gran salvación que Él da a los que creen en Él.

DEVOCIONAL NAVIDEÑO.
REFLEXIONES DIARIAS DE NAVIDAD
Por Autores y Colaboradores de Lifeway

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