Por Keila Ochoa Harris
Grabar. Atar. Escribir. Guardar. Retener. Recordar.
Alisar. Soltar. Borrar. Perder. Dejar. Olvidar.
El primer grupo de palabras nos habla de «permanencia» y el segundo, de «transitoriedad». El primer grupo aparece en Deuteronomio con relación a la ley, es decir, las palabras del Señor. El segundo grupo está formado por antónimos, es decir, palabras con significados opuestos a las del primer grupo.
Dios, en pocas palabras, nos recuerda que no basta con oír la Palabra de Dios una hora a la semana o mediante audios grabados, sino que debemos imprimirla en nuestro corazón, tatuarla en nuestras almas y fijarla de modo permanente.
Si has vivido en un residencial, sabes que hay dos tipos de portones: uno para los residentes y otro para las visitas, y estos necesitan un código especial para tener acceso. Del mismo modo, la Palabra de Dios no debe entrar y salir de nuestras vidas, sino ser parte de nuestro diario andar.
¿Y por qué? Porque necesitamos la Palabra de Dios. Porque para obedecerla debe formar parte de nosotras. ¿Y cómo podemos atesorarla y grabarla en nuestra memoria? Mediante la meditación y la memorización. Podríamos decir que la meditación consiste en «masticar» la Palabra. Memorizar, por otra parte, implica dejar que sus palabras den forma a nuestros pensamientos y acciones.
¿Y se pueden combinar? Te propongo cinco sencillos pasos.
Paso 1: Lee, compara, elige
Lee el texto. Luego, búscalo en varias versiones y elige la de tu preferencia.
Paso 2: Estudia
No basta solo con repetir el versículo, también debemos entenderlo. Estas preguntas te pueden ayudar:
- ¿Quién escribió el pasaje?
- ¿Qué sabes del autor?
- ¿A quién lo escribió?
- ¿Bajo qué circunstancias lo escribió?
- ¿Por qué lo escribió?
- ¿Qué nos dice este mensaje?
Paso 3: Analiza
Revisa si el pasaje es un enunciado completo o si se queda a la mitad. ¿Está dividido por comas o puntos? ¿Menciona lugares, personas o eventos? ¿Tiene más verbos que sustantivos? ¿En qué tiempo verbal están los verbos? ¿Es una pregunta o una declaración, una invitación o parte de una conversación?
Paso 4: Asocia
La mente siempre busca asociaciones, ideas o imágenes en las que pueda anclarse. ¿Observas prefijos y sufijos? ¿Qué figuras literarias incluye? Tal vez te interese subrayar o encerrar las palabras clave.
Paso 5: Repítelo
Grábalo en tu mente.
Pensemos en Colosenses 3:16, que nos invita a que la Palabra de Dios no solo se quede en el papel, sino que se traslade a nuestros corazones. Apliquemos ahora estos cinco pasos a este versículo.
Paso 1: Lee, compara, elige
La Reina Valera 1960 dice: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales».
Comparémosla con otra versión. La Nueva Traducción Viviente dice: «Que el mensaje de Cristo, con toda su riqueza, llene sus vidas. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que él da. Canten salmos e himnos y canciones espirituales a Dios con un corazón agradecido».
Elige una versión.
Paso 2: Estudia
- ¿Quién escribió el pasaje? El apóstol Pablo.
- ¿Qué sabes del autor? Era un apóstol y líder de la iglesia primitiva.
- ¿A quién lo escribió? A los cristianos de la ciudad de Colosas, en Asia Menor, territorio que hoy forma parte de Turquía.
- ¿Bajo qué circunstancias lo escribió? Pablo estaba en la cárcel en Roma.
- ¿Por qué lo escribió? Pablo deseaba corregir falsas enseñanzas, recalcar que Cristo es todo lo que necesitamos y recordar a los creyentes cómo debían vivir.
- ¿Qué nos dice este mensaje? Que la Palabra de Dios debe tener un lugar central en nuestras vidas.
Paso 3: Analiza
El texto puede presentarse como una sola frase o dividirse en varios enunciados, dependiendo de la traducción. En muchas de las versiones la frase comienza con «que» seguido de un subjuntivo. Esta forma verbal expresa un deseo, un ruego o una bendición. Sin embargo, en el griego original se expresa un mandato. No se trata simplemente de una sugerencia, sino de un mandato.
Paso 4: Asocia
Imaginemos la Palabra de Dios llegando a nuestra puerta con equipaje en mano. Si la dejamos entrar, la Palabra se sentirá en casa. El objetivo es que habite, more y permanezca allí. Además, debe ser en abundancia, es decir, no le vamos a cerrar ninguna habitación o alacena. La Palabra de Dios tiene acceso ilimitado y sin restricciones a cada área.
Notemos también que Pablo se dirige a los creyentes en plural. La Palabra debe vivir en cada uno de nosotros cuando estamos solos y en comunidad. ¿Es la Palabra de Dios el invitado principal en nuestras reuniones? ¿Es la Palabra de Dios bienvenida en cada área de nuestra vida comunitaria?
Con la Palabra de Dios habitando nuestras iglesias entonces fluyen tres acciones:
Enseñamos y amonestamos. Se imparte verdad y esta verdad se fija en la mente para advertirnos del peligro.
Cantamos. Pablo incluye un repertorio: los salmos del Antiguo Testamento, los himnos de alabanza a Dios y las canciones espirituales.
Damos gracias. La gratitud no es solo una señal de madurez, sino también algo que fluye de manera natural cuando la Palabra habita en nosotros.
Paso 5: Repítelo
¿Qué te parece dedicar cinco minutos de tu día a repetir este versículo durante toda la semana?
La única manera de grabar, imprimir y escribir las palabras de Dios en nuestros corazones es repitiéndolas, estudiándolas, pero, sobre todo, viviéndolas. Estos pasos son solo una sugerencia. Seguramente tú tendrás tus propios métodos, sin olvidar las muchas herramientas a nuestra disposición.
La pregunta trascendental es: ¿queremos que la Palabra de Dios se sienta en casa y viva de modo permanente en nosotras? Si respondemos afirmativamente, ¿qué haremos al respecto? La otra alternativa es que la Biblia sea una invitada ocasional que necesita un pase para entrar. Si es así, ¿estamos dispuestas a enfrentar las consecuencias de una vida sin todo el consejo de Dios en nuestros corazones?
Libros recomendados por la autora:
eBook – 100 versículos bíblicos que todos debemos memorizar. ISBN 9781433689406
eBook – ¡Oh, tu fidelidad! Meditaciones sobre el Dios fiel. ISBN 9781087730981

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