Por: Lourdes Llorens
El Salmo 119 nos dice una y otra vez que debemos amar, anhelar, atesorar, deleitarnos y guardar la Palabra de Dios. Esta invitación es para todas como creyentes, sin importar la etapa de la vida en la que nos encontremos. Quizás tengamos todo el tiempo disponible para sentarnos y escudriñar las Escrituras; o pudiera ser que, debido a la maternidad, enfermedades u ocupaciones, nuestro tiempo sea más limitado. Para cada una puede lucir diferente, pero amar la Palabra y hacer de ella nuestra meditación constante (119:97) debe ser una realidad inquebrantable en nuestra vida.
¿Qué podemos hacer entonces, ya sea que tengamos mucho o poco tiempo, para tener una lectura efectiva de la Biblia? Hay cuatro aspectos importantes que debemos considerar: leer de forma consecutiva, depender de Dios, entender el texto y aplicarlo adecuadamente.
Primero, necesitamos leer de forma consecutiva. Los autores bíblicos escribieron libros completos. La Palabra no nos fue dada a través de temas o versículos aislados. Por eso, es importante leer un libro de manera consecutiva, de principio a fin. Así podrás entender el mensaje general del libro, y a partir de allí, comprender mejor de qué trata cada una de sus partes.
Segundo, necesitamos depender de Dios mientras leemos. La Palabra escrita que tenemos en nuestras manos tiene como autor divino a Dios. Él es quien nos ayuda a conocerla y ponerla por obra. A través de los tiempos, Dios se comunicó a través de Su Palabra. Él habló y creó el mundo que conocemos. Luego habló a través de personas específicas y de los profetas, revelándose a través de Sus palabras y obras. Finalmente, nos habló por medio de Su Hijo, la Palabra encarnada (Heb. 1:1-4), y los apóstoles dieron testimonio de lo que vieron y oyeron.
Toda la Biblia ha sido inspirada por Dios (2 Tim. 3:16). Pedro la compara con una lámpara que alumbra en medio de la oscuridad y nos recuerda que lo que tenemos en nuestras manos es la palabra profética más segura, escrita por hombres que hablaron de parte de Dios siendo guiados por el Espíritu Santo (2 Ped. 1:19-21). En el Salmo 119 una y otra vez el salmista pide a Dios que le enseñe sus estatutos. No es diferente para nosotras hoy en día. Cuando leemos o estudiamos la Palabra necesitamos depender del Espíritu en oración. Él es quien convence de pecado, justicia y juicio, y quien guía a los creyentes a toda verdad (Juan 16:8, 13).
Tercero, necesitamos entender el texto. Para ello, debemos considerar el tipo de texto que estamos leyendo y el contexto en que fue escrito. ¿Por qué es importante considerar el tipo de texto que estamos leyendo? Porque necesitamos mirar el texto a través de los lentes adecuados. En la Biblia podemos encontrar diferentes tipos de texto: algunos pudieran ser poesía, historia o discurso. Imagina que leyéramos un poema como si fuera un periódico o una carta como si fuera una historia. Sería muy difícil de entender su mensaje. Cuando leemos poesía, debemos prestar atención a las imágenes, las comparaciones y los contrastes que el autor usa. Cuando leemos un discurso, nos ayuda observar los mandatos, o cómo el autor relaciona sus ideas y la lógica con que han sido escritos los argumentos. Cuando leemos una historia es importante identificar la trama, los personajes y cómo ellos interactúan. Esto nos ayudará a entender el mensaje que el autor quería dar a la audiencia para la que él estaba escribiendo.
Para comprender el texto, también necesitamos entender su significado a la luz de su contexto. Debemos tener presente que la Biblia fue escrita originalmente a personas en un tiempo, una cultura, y en un momento particular de la historia redentora, diferentes a los nuestros. Por eso, necesitamos entender los detalles que podrían resultarnos ajenos hoy, pero que nos hacen tener una mejor comprensión del texto. Una buena pregunta para hacernos sería: ¿Hay algo en el texto que necesito entender que esté relacionado con la cultura o costumbres de la época?
De la misma manera que cada libro en particular tiene un mensaje completo, la Biblia en su totalidad cuenta una gran historia. No son historias o cartas aisladas y puestas al azar. Toda ella tiene un mensaje que la une de principio a fin. Y este, es la obra redentora de Dios desde la creación hasta la nueva creación. Siendo Cristo, el centro de toda la Biblia. Cuando Jesús enseñaba a las multitudes (Juan 5) y a los discípulos en el camino a Emaús (Luc. 24), les mostró cómo todo el Antiguo Testamento hablaba de Él, y cómo los discípulos eran testigos de Su obra. Por eso, cuando estudiamos un libro, necesitamos ponerlo dentro de ese mensaje y no como una enseñanza aislada. Al estar estudiando un texto en particular, en lugar de ir rápidamente a aplicarlo a nosotros hoy en día, necesitamos entender cómo este texto apunta a Cristo y Su obra redentora. Una buena pregunta pudiera ser: ¿Cómo encaja este texto que estoy leyendo dentro de este mensaje de toda la Biblia?
Y por último, una vez que hemos entendido el texto leído, buscamos entonces cómo aplicarlo a nuestras vidas. En la medida que leemos vamos conociendo a Dios y Sus obras. Pero también, la lectura de la Palabra debe movernos a la acción para obedecer y vivir aquello que Dios demanda de nosotras. Pedro, al comenzar su carta y habiéndoles hablado de la revelación de Dios, les hace un llamado a actuar: «Por tanto, preparen su entendimiento para la acción» (1 Ped. 1:13, NBLA). Santiago también llama a sus oyentes a la acción: «Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores» (Sant. 1:22a). Cuando Pablo escribe a Timoteo le recuerda que toda la Escritura es inspirada y de su utilidad para enseñar, reprender e instruir en justicia (2 Tim. 3:16). Al considerar todo lo anterior, puedes hacerte algunas preguntas que te ayudarán a aplicar el texto: ¿Qué he aprendido de Dios? ¿Qué me enseña este texto? ¿De qué me redarguye? ¿Cómo he sido instruida en la justicia de Dios? ¿Cómo este texto me llama a obedecer?
El Espíritu a través de la Palabra viva hace Su obra en nuestras vidas y discierne hasta lo más profundo de nuestro ser, nuestros pensamientos y las intenciones de nuestro corazón, de tal manera, que hasta lo más profundo de nuestro interior queda al descubierto ante Dios (Heb. 4:12-13). Es a través de todo el proceso de oración, entender el texto y aplicarlo que conocemos a Dios y nuestras vidas son transformadas.
Recomendaciones de la editorial:
Mujer de la Palabra: Cómo estudiar la Biblia con mente y corazón. ISBN 9781433691744
Biblia para todas: El conocimiento de la Palabra que todas necesitamos. ISBN 9781087734149
RVR 1960 Biblia de estudio para mujeres, tapa dura. ISBN 9781433613999

Lourdes es cubana y sirvió, junto a su esposo Alexis, por más de veinte años al Señor en su país natal.
Ama discipular y enseñar a las mujeres en su iglesia local y a través de los Talleres de Predica Fiel.
Actualmente es miembro de Providence Road Church Miami, donde ella y su esposo continúan sirviendo juntos al Señor.

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