Por: Mayra Beltrán
Cada año celebramos el Día del Padre. El día exacto de celebración varía según el país y la costumbre, pero la idea de honrar a los padres es común en la mayoría de las culturas.
Es muy frecuente que, al hablar de educación infantil, la madre sea la protagonista indiscutible junto al niño. Sin embargo, cada vez que reflexiono sobre la familia, recuerdo mi etapa como estudiante de psicología hace muchos años.
Como parte de los requisitos de graduación, cumplí con un periodo de servicio en diversas instituciones de rehabilitación. Una de ellas fue un centro para hombres con adicción a las drogas. Con apenas veinte años, asistía dos veces por semana durante cinco meses. Debo confesar que aquella experiencia me impactó profundamente. Muchas veces regresaba a casa abrumada por los testimonios de los internos. Al finalizar el semestre, llegué a una conclusión: aproximadamente el 90% de los internos, en su mayoría jóvenes, provenían de hogares donde la figura paterna estuvo ausente durante su desarrollo.
Desde ese entonces, la importancia del padre en la crianza quedó grabada en mi mente y corazón. Por ello, he buscado constantemente estudios que den base científica a aquella percepción. Según datos de la Oficina del Censo de los Estados Unidos (2025), uno de cada cuatro niños – unos 18.2 millones- vive sin un padre biológico, padrastro o adoptivo en el hogar.1 La investigación confirma que esta ausencia afecta negativamente el desarrollo infantil, mientras que la presencia activa del padre marca una diferencia significativa tanto para los hijos como para las madres.
Aunque el Día del Padre no es una celebración establecida en la Escritura, como cristianos podemos celebrarlo como una manera de honrar el liderazgo espiritual de los hombres y conectarlo con la realidad de Dios como un Padre amoroso. Estoy convencida de que la bendición de un padre es uno de los regalos más poderosos que un niño puede recibir, y uno de los más importantes que un padre puede dar. Este tipo de bendición es profundamente bíblica. Los padres son como pilares de fortaleza, seguridad y de guía espiritual reflejando el amor de Dios por Sus hijos.
«Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen». (Sal. 103:13, NBLA).
El Salmo 103 resume el corazón del Día del Padre – amor, compasión y cuidado. Muestra el modelo original de toda paternidad: Dios no se compara con un rey distante ni con un juez severo, sino con un padre cercano y misericordioso. La verdadera paternidad bíblica no se define primero por autoridad, sino por ternura, paciencia y fidelidad.
Desde entonces, comprendí con mayor profundidad e importancia que los niños y jóvenes que crecen sin una figura paterna presente conozcan al Señor porque solo Él puede sostenerlos y llenar el vacío que deja esa ausencia en su crianza. La influencia de mentores, y lo que es más importante, el estudio de las Escrituras puede ayudarles a crecer en sabiduría, discerniendo qué hacer y qué no hacer y aprendiendo del ejemplo de nuestro Padre Celestial.
El Día del Padre nos invita a detenernos y mirar la paternidad no solo como un rol biológico o social, sino como un llamado sagrado. En las Escrituras, el concepto de padre está profundamente ligado al carácter de Dios mismo: protector, proveedor, maestro paciente y fuente de amor firme.
El Salmo 103 honra a los padres que cuidan, los que corrigen con amor, los que proveen y protegen. Y también sana el corazón de quienes tuvieron ausencias, recordándoles que tienen un Padre perfecto.
Celebrar el Día del Padre a la luz de las Escrituras es, entonces, honrar esta responsabilidad, agradecer su presencia y orar por sabiduría. Es animar a los padres a perseverar, a crecer, a amar de una manera que refleje el carácter de Dios. También es consolar a quienes extrañan a su padre, a quienes crecieron sin él, o a quienes están aprendiendo a perdonar, recordándoles que hay un Padre eterno que nunca abandona a Sus hijos.
El Nuevo Testamento eleva nuestra comprensión de la paternidad al mostrar el amor sacrificial de Dios a través de Jesucristo. El padre terrenal debe imitar esta gracia. En Efesios 6:4 encontramos una instrucción clave: «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor». Esta es una invitación a la paciencia, a la bondad y a una disciplina que corrige con amor, lejos de la tiranía o el abuso.
El relato del hijo pródigo (Lucas 15) es, quizá, una de las más bellas ilustraciones de la paternidad bíblica. El padre de la parábola no espera un arrepentimiento perfecto; simplemente espera el regreso. Su amor es incondicional, su perdón es instantáneo, y su alegría es desbordante. Es un modelo sublime de cómo el amor del padre debe ser siempre una fuente de redención y celebración.
Que este Día del Padre sea una oportunidad para que miremos la paternidad con gratitud, humildad y esperanza, reconociendo que cuando un padre camina de la mano de Dios, deja una huella que trasciende generaciones. En este Día del Padre, honremos a aquellos que se esfuerzan por vivir este llamado, reconociendo que, al amar, guiar y proveer, están imitando el más alto y noble de todos los roles: el de nuestro Padre Celestial.
1 EE.UU.Oficina del Censo. (2025). Arreglos de vida de niños menores de 18 años: 1960 a la actualidad. Washington, D.C.: EE.UU. Oficina del Censo.
Recomendación para la lectora:
– La Resolución para Hombres – ISBN: 9781433671586
– A la imagen del Padre – Estudio bíblico – ISBN: 9798384546702