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Por: Susana de Cano

Sin duda estarás de acuerdo conmigo, hermana, en que la siguiente declaración es una de las más sabias de la Escritura: «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora» (Ecl. 3:1). Y no es solamente una declaración sino un versículo al que todas podemos acudir en las distintas estaciones y cambios de la vida. 

Sin embargo, en medio del caos diario o de las transiciones de la vida, muchas veces nos parecemos al pueblo de Israel, que después de haber sido rescatado de Egipto con mano poderosa, empezaron a quejarse por lo que no tenían y no veían o por lo que parecía más grande que las promesas de Dios. Podemos imaginarnos diciendo, al igual que Israel, algo como, ¿por qué Dios no nos hace la vida más fácil si hemos sufrido tanto y Él es Dios? (ver Deut. 1:27). 

¿Acaso no te encuentras pensando o diciendo esto a Dios cuando todo en tu vida parece que no tiene sentido… que todo parece ¡un caos!? A veces las transiciones y los cambios te golpean tan rápido que ni siquiera sabes cuándo caíste sentada. Y entonces surge la pregunta, «¿no deberían ser más fáciles las transiciones en la vida…al menos para las hijas de Dios?»  

  

La maravillosa noticia es que Dios sigue siendo fiel. Él dijo: «…estos cuarenta años [cualquier transición de tu vida] Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado» (Deut. 2:7). El mismo Dios que sacó a este pueblo de Egipto, es el mismo Dios que nos salvó y el mismo Dios que nos sostiene en toda circunstancia que atravesamos en nuestra fragilidad. No solo nunca estaremos solas, sino que nunca nos hará falta Su guía, Su sabiduría, Su amor, Su misericordia, y sobre todo, Su paz. 

  

Las transiciones y el caos diario son oportunidades de gracia 

Recuerdo un día en que mi hija mayor, al regresar del trabajo, bajo la presión del tráfico, el cansancio físico, y la tarea de preparar su almuerzo para el siguiente día, me dijo: «ya no quiero ser adulto». La realidad es que nadie se hace más joven y Dios ha orquestado que nuestra vida no sea estática, sino dinámica, porque a través de los cambios nos invita a depender de Él en todo tiempo. Las transiciones y el caos son oportunidades de gracia para vivir la Palabra que ha sido sembrada en nuestro corazón. ¡Es tiempo de dar fruto! 

Hay circunstancias como, una mamá embarazada, que además tiene un bebé de un año y medio, debe saber que su «vida normal» ha cambiado, incluyendo su cuerpo. Una mujer que ha trabajado por años en un ministerio o en una empresa que recibe la noticia de que será reemplazada, seguramente estará afligida por la falta de salario. Una esposa que acompaña a su esposo al médico y escucha el sorpresivo diagnóstico, no puede evitar la aflicción que siente ni los cambios que vendrán. Todas estas mujeres están enfrentando diferentes escenarios cada día y ¡claro que los cambios y las transiciones en la vida son difíciles! Pero lo cierto es que todas pasamos por ellos. 

  

Pero Dios nos otorga de Su gracia para sostenernos de Sus promesas y de la ayuda del Espíritu Santo para no desfallecer. Además, también tenemos consuelo y compasión de parte de nuestro Dios. La Palabra dice que Cristo se compadece de nosotras en todo incluso cuando estamos en medio de la tentación de responder en queja constante (Heb. 4:15), y nos guía con su Palabra a responder con oración y gratitud: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tes. 5:18), porque esto trae paz a nuestro corazón: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Fil. 4:7). 

  

¿Cómo encontrar paz y gozo cuando el caos se hace presente?  

La Biblia está marcada por historias donde la quietud es interrumpida por pruebas difíciles, que Dios usa para obrar en Sus hijos. Piensa en Rut: pasó de esposa a viuda, y de viuda extranjera a abuela de David. ¿Y qué me dices de Ester? Vivía tranquila con Mardoqueo hasta que de repente un día todo cambió con el edicto del rey. Ester pasó de ser huérfana a reina e intercesora por la salvación de su pueblo (Est. 4:14). Otra fue Eva, quien no conocía el conflicto, pero cambió la paz que tenía por su deseo de ser como Dios, y pasó de vivir en perfecta paz con Dios a vivir en dolor y aflicción fuera del huerto del Edén. 

  

Sin embargo, cada una de estas historias reflejan la verdad de que todas recibieron ayuda de un Dios presente. El caos en nuestras vidas no es ausencia de Dios, así como las tormentas no son ausencia de que Jesús va en nuestra barca. Dios siempre está con nosotras activamente, presente, cuidando y disciplinando a Sus hijas, porque nos ama con amor eterno.  

  

Así que, primero quiero invitarte a reconocer que la situación por la que estás pasando está bajo la soberanía de Dios, y aunque sea difícil es buena. Segundo quiero animarte a no culparte ni culpar a otros. Más bien, reflexiona en cómo Dios te pide responder a la luz de quién es Él. Tercero, quiero exhortarte a orar al Señor, pide perdón si te has equivocado o perdona, y pide fortaleza para seguir adelante. Cuarto, se intencional en recordar el evangelio y la verdad que explica que has sido comprada por Cristo para vivir bajo Su aceptación, justificación y santificación, gracias a Su vida, muerte y resurrección. Que esa verdad te ayude a responder en adoración en vez de queja, en contentamiento en vez de desánimo y en paz en vez de alejarte. Y quinto, apóyate de tus hermanas, la familia de la fe, quienes seguramente te pueden ayudar e impartirte sabiduría con situaciones que ellos también han pasado.  

  

Responde al evangelio 

Uno de los pasos más importantes es recordar que si Cristo nos ha dado Su vida para imitarla, Su muerte para morir a nuestro pecado en el poder del Espíritu Santo y Su resurrección para tener esperanza, no tenemos nada que temer. Si Dios nos ha ayudado antes, ¿no lo hará ahora? Si Él es nuestro Padre, ¿no proveerá y sustentará nuestras vidas también en esta etapa? Si Él es nuestro Salvador, ¿no redimirá nuestra vida una vez más? Si Él es nuestro refugio, ¿no nos acogerá y cuidará? Si Él es nuestro descanso, ¿no nos dará paz? Si Él es nuestro deleite, ¿no nos recordará el gozo de Su salvación? Si Cristo es el mismo de ayer, de hoy y de siempre (Heb. 13:8), entonces podemos confiar en Él y tener verdadera paz. 

  

Usa nuestro devocional: Un año con Jesús, y recuérdate Sus verdades. 

Dios nos moldea en medio del movimiento de la vida, en medio de nuestros intentos de tener todo perfecto o de correr con la prisa de la cultura. Ninguna etapa es desperdiciada por nuestro Perfeccionador. Si esta no es una buena noticia para ti o no es un descanso para tu alma, entonces te animo a reflexionar en qué has creído acerca de Dios, de Cristo y de ti, porque la buena noticia es que no podemos hacer nada separadas de Él. Si le perteneces a Él ten la seguridad de que verás la bondad del Señor en cada momento, en cada etapa, mientras vivas debajo del sol.  

Recomendación para la lectora: 



Susana de Cano está casada con Sergio y juntos tienen tres hijos, y un yerno. Vive en la ciudad de Guatemala, donde es miembro activo de Iglesia Reforma. Sirve en discipulado, enseñanza bíblica y consejería a las mujeres. Además, colabora con varios ministerios en escritura y edición. Es autora de los libros: «Una mujer elegida» y «¿Qué dice la Biblia acerca de…?». Tiene estudios en Teología del Seminario Semper Reformanda y actualmente está estudiando una Maestría en Artes en Educación Cristiana en el Programa Hispano en The Southern Baptist Theological Seminary.

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