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Por Susana de Cano

¿Cuántas veces has reconocido que fue Dios quien te usó de ciertas situaciones cuando no tenías idea de lo que Dios estaba haciendo? ¿Cuántas veces te has detenido a pensar que eres parte de un plan mayor en el que colaboras diariamente? Seguramente testificarías las maneras tan maravillosas de Dios de obrar en lo secreto e imperceptible. Si hoy nos sentáramos con la reina Ester, muy probablemente nos resumiría el libro de la Biblia que lleva su nombre como evidencia de que, en la providencia de Dios, Él nos usa.

Indudablemente, Ester no tenía idea de todo lo que vendría a su vida a causa del capricho de un hombre como Asuero, el rey del Imperio Persa bajo el cual vivieron los judíos exiliados de Babilonia, entre los cuales estaba ella y su tío Mardoqueo. El autor del libro de Ester nos describe a una mujer que por gracia de Dios aprendió a ser obediente, y cuya obediencia Dios usó como su notable virtud que providencialmente la llevó a interceder por Su pueblo para que fuera liberado de la muerte segura. En este libro, Dios no es mencionado con trompetas y relámpagos, pero está presente en todos los acontecimientos que se suscitaron en su vida.

Ahora bien, hoy podemos leer el libro de Ester conociendo el desenlace y el cumplimiento de la salvación del pueblo de Dios en la Persona y obra de Jesucristo. Quizá por ello, perdemos un poco la emoción de leerlo como la narración histórica que es, pues en cada capítulo nos está relatando como Dios trabaja tras bambalinas, usando la negación de Vasti a presentarse delante del rey; usando a los eunucos para realizar un edicto tan terrible como el que se dictó, usando a Mardoqueo en guiar a Ester y ser un celoso judío, y usando a Ester para afirmar que Dios reina sobre la muerte de Amán, que representa la simiente de la serpiente.

Su pueblo no perece, es el enemigo quien perece. Esta verdad nos recuerda la promesa —hoy cumplida en la Simiente, Cristo— de Génesis 3:15 que dice:
«Pondré enemistad
Entre tú y la mujer,
Y entre tu simiente y su simiente;
Él te herirá en la cabeza,
Y tú lo herirás en el talón». Una promesa que encontrará su cumplimiento total en el juicio final (Ap 20:10).

Dios nos hace parte de Su plan
La providencia secreta de Dios son Sus intervenciones en la vida de los Suyos y del resto del mundo como Rey soberano que gobierna sobre todos y sobre todas las cosas (2 Crónicas 20:6). Sus obras pueden ser visibles a los ojos del ser humano como sucedió en la liberación de Israel cuando estaban esclavos en Egipto, pero Sus obras también pueden ser invisibles como vemos en la historia de Ester, ambas maneras con el mismo propósito: salvación. Es igual para nosotras hoy, Dios nos salva de la esclavitud de satanás para servirlo con alegría, en obediencia y fe. Es así como Dios conforma un pueblo que le sirva y represente frente a un mundo golpeado por el pecado. Así es como Dios usa a Su pueblo para ser verdadera sal y luz.

Dios nos hace parte de Su plan a través de las obras cotidianas que realizamos. Los pasos de obediencia que tomamos cada día en levantarnos, orar, leer la Biblia, servir al esposo e hijos o a los padres, amar y ayudar a nuestra comunidad local y al prójimo, todas son obras que Dios ha preparado de antemano para que caminemos en ellas (Ef 2:10), adornan Su plan redentor para que otros las vean y glorifiquen a nuestro Padre celestial (Mt 5:16). Cuando no comprendemos lo valioso de todo lo que hacemos para Dios, empezamos a centrarnos en nosotras, a quejarnos por la situación de tener un hijo de difícil, a echar la culpa al esposo o la crianza de nuestros padres o murmurar por tener una comunidad que no se acomoda a nuestros deseos. ¿Qué pasaría si viéramos todas estas situaciones como providencia de Dios para depender de Él y madurarte a la semejanza de Cristo?

Su Plan es para Su gloria
El problema ocurre cuando parece que no estamos recibiendo el bien de lo bueno que hacemos o cuando nos atribuimos una providencia de Dios robándonos Su gloria. Nos equivocamos al pensar que obramos bien para recibir bien, cuando es todo lo contrario. Dios te creó y amó para que todo lo que hagas sea para glorificarlo a Él (Is 43:6; 1 Co 10:31). Necesitamos despojarnos de esta mentira que aún nos seduce para que el resultado de lo que hagamos sea para nuestra gloria, mejor descansa en la obra suficiente de Cristo.

El Espíritu Santo nos ha dotado de dones como medios de gracia para la edificación de la Iglesia. Tenemos el privilegio de servirlo porque ya somos libres para hacerlo y porque estamos completas en Él. Servimos, amamos y obedecemos porque Él nos amó primero, nos sirvió primero y obedeció primero en nuestro lugar, de manera que hoy sigamos Sus pisadas.

En Su providencia, Dios nos usa en Su plan redentor para presentar el evangelio a otros. Por eso, es tan importante que evangelicemos a nuestros hijos, pues eres la mamá perfecta para tus hijos, no que seas perfecta, sino la adecuada para el plan que Dios tiene para ellos y para ti. Eres la ayuda idónea de tu esposo por la providencia de Dios. Eres la amiga que otra hermana ha estado orando tener. Eres la hermana mayor que tus hermanos necesitaban, aún cuando no lo vean en el presente. Eres la empleada que esa empresa necesita porque llevarás luz, sabiduría y testimonio de Cristo a tus labores y relaciones. Eres la estudiante que tu clase necesita porque allí serás retada a negar o no a Cristo y tu testimonio será luz para aquel que Dios ha llamado.

La historia de Ester nos muestra como Dios obra secretamente en la vida rutinaria de personas comunes para llevar a cabo Su glorioso plan. La pregunta final es ¿cómo responderás a Su llamado? Sé fiel con lo que Dios te ha dado, vive con gozo y alegría viendo e imitando a Cristo tu Salvador y Señor, a quien conociste porque Dios de maneras providenciales te llevó a Su salvación eterna. ¡Gloria sea a Él!

Susana de Cano. Casada con Sergio y juntos tienen tres hijos. Viven en la ciudad de Guatemala donde son miembros de Iglesia Reforma. Es directora de contenido del ministerio Reformadas. Actualmente estudia una Licenciatura en Teología en el Seminario Semper Reformanda, un Diplomado en Consejería Bíblica en el Seminario William Carey, y es profesora en el Seminario Teológico Centroamericano, SETECA. Creadora del blog ella habla Verdad y autora del libro: ¿Qué dice la Biblia acerca de…? Porque no toda frase que dice Señor, Señor, es verdad. Su oración es que las mujeres conozcan a Dios en Su Palabra, vivan Su Palabra y proclamen Su Palabra en el lugar donde Dios las ha colocado, y junto a quienes Dios les ha dado. Puedes seguirla en @ella_habla_verdad IG y FB, y en su blog: https://medium.com/hablemos-verdad.

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