Por: Emma J. Marín
Desde las primeras páginas de la Biblia, la maternidad se presenta como una parte maravillosa de la creación de Dios, mediante la cual la mujer refleja Su imagen. Sin embargo, mientras celebramos el día de las madres no somos conscientes de que podemos caer en una tentación común de nuestra época: separar la unión entre la maternidad y el matrimonio. En la Biblia, en cambio, une dos conceptos de manera intencional Quizás estamos perdiendo un regalo de sabiduría al separar uno del otro. Por ello, quiero ofrecerte cuatro formas de recuperar esta unión bíblica mientras celebras el Día de la madre.
La maternidad es un propósito del matrimonio
La vida como madre ofrece momentos que enternecen el corazón. Recuerdo que hace un par de años estaba observando a mis dos hijas caminar con sus pequeños vestidos blancos, resplandecientes, con peinados dignos de princesas, dejando pétalos a su paso en una boda. Aunque la ternura conmovió a los invitados (eso pienso yo), su propósito era preparar el camino para la entrada de la novia.
En esa ceremonia, el pastor mencionó tres propósitos bíblicos del matrimonio: la compañía amorosa y la ayuda mutua, la procreación y la santidad sexual.
Al hablar de la procreación, citó como base bíblica el mandato del Señor en Génesis 1:28, NBLA: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla…», dando a entender que uno de los propósitos esenciales de Dios para el matrimonio es tener hijos. Al escuchar esto, pude ver la gloria del llamado de la mujer dentro del matrimonio.
Continúo diciendo que, según algunos expertos, la palabra «matrimonio» proviene del latín mater monium, que puede entenderse como «madre con estatus legal», implicando que al casarse la mujer adquiere el derecho legal de convertirse en madre. Esto me ayudó a ver con mayor claridad que la maternidad y el matrimonio están unidos en el diseño de Dios. Aunque también reconocemos que no todos los matrimonios reciben hijos, y eso está dentro de la
soberanía de Dios.
La maternidad es bienaventuranza para el esposo
Dios estableció el matrimonio desde la creación, y uno de sus propósitos es bendecir al hombre. ¿Y cómo se ve un hombre bendecido por Dios? En el Salmo 128 dice que será dichoso y le irá bien. En los versículos 3-4 leemos: «Tu mujer será como vid fecunda en el interior de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. Así será bendecido el hombre que teme al Señor» (NBLA).
Como mujer, es imposible no sentirme afortunada y bendecida al ser madre. Desde ver
una prueba de embarazo positiva, hasta sentir los movimientos en el vientre que llenan el
corazón de alegría, y experimentar el milagro del nacimiento, todo forma parte de un proceso
glorioso. Cada vez que veas a tus hijos crecer, aprender y reír, y sientas profundamente que eres
bendecida, te animo a que tomes un momento y mires a tu esposo, porque él ha sido un hombre
bendecido por Dios.
Al mismo tiempo, es importante reconocer que vivimos en un mundo caído, donde no todas las historias se desarrollan de la misma manera. Por eso, quiero hacer una pausa para orar por aquellas mujeres que, junto a sus esposos, anhelan concebir, y por aquellas madres que están criando solas:
Amoroso Dios, gracias por salvarnos al enviar a tu único Hijo, Jesucristo, para redimirnos de nuestros pecados. Sé que en esta vida pasaremos aflicciones, pero también espero el gozo de la vida venidera, donde cambiarás toda lágrima en alegría y donde habrá delicias a tu diestra para siempre. Te pido por todas mis hermanas que esperan concebir y por aquellas que llevan la maternidad solas. Ten misericordia de ellas y provee tu Palabra en sus vidas, llenándolas de gozo y fuerza para seguir adelante. En Cristo, amén.
La maternidad es fruto de ser una sola carne
En el jardín del Edén, en Génesis 2 y 3, Dios dice que no es bueno que el hombre esté solo. Entonces, hizo caer a Adán en un profundo sueño, tomó una de sus costillas, formó a la mujer y la trajo a él. Adán respondió: «Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada» (Gén. 2:23). Aquí, Adán reconoce que la mujer es diferente, pero al mismo tiempo parte de él. Sin embargo, la unión entre Adán y Eva profundiza aún más. La Biblia describe la unión matrimonial como una relación profunda y única: «Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gén. 2:24). Los hijos son el fruto de esa unión.
Aun después de la caída, Adán llamó a su esposa Eva «madre de todos los vivientes» (Gén. 3:20) anticipando el papel de la mujer en el plan redentor de Dios: la venida de Cristo como descendiente de la mujer que vencería a la serpiente (Génesis 3:15). El Salvador del mundo vendría naciendo de una madre.
La maternidad es una misión continua
De niña, solía jugar con mis muñecas a «la casita» y pretendía ser mamá. Jugando, limpiaba, cuidaba, alimentaba y enseñaba a mis muñecas. Al mirar atrás, recuerdo que una parte de mi maternidad, incluso en esos juegos, era moldeada por lo que veía en mi propia madre.
Ella, ama de casa, con diligencia, amor y dedicación, me instruyó directa e indirectamente. A través de su ejemplo, vi su esmero en preparar comidas, su pasión por la limpieza del hogar, su prioridad de amar a su esposo, su devoción a la oración y a la lectura de la Palabra de Dios. Su ejemplo, junto con la enseñanza bíblica, ha moldeado mi maternidad hasta el día de hoy.
Me gustaría resumir brevemente dos deberes que he identificado:
Primero, enseñar diligentemente la Palabra de Dios.
Un gran ejemplo de esto son la madre y la abuela de Timoteo, quienes le enseñaron a amar las Escrituras desde su niñez. La Biblia las reconoce como mujeres de fe sincera (2 Tim. 1:5). El apóstol Pablo también lo confirma al decir: «y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús» (2 Tim. 3:15).
Segundo, amar y fomentar un ambiente hogareño.
Tito 2 exhorta a las mujeres mayores a enseñar a las más jóvenes «a amar a sus maridos, a amar a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables y sujetas a sus maridos». Las madres bondadosas, amorosas y santas llenan el hogar con el aroma de Cristo, bendiciendo a toda la familia.
Conclusión
Hay una honra especial para todas las madres que, con humildad y entrega, se someten al
llamado bíblico de la maternidad. La Escritura las llama bienaventuradas (Prov. 31:28). Al reconocer que los hijos son fruto de la unión matrimonial, una bendición para el hogar y una oportunidad para reflejar el carácter de Cristo, las madres pueden abrazar su rol con gozo y sabiduría. Recuperar esta visión bíblica nos invita a vivir diferente al mundo incrédulo y a abrazar la maternidad con convicción, fe y obediencia.
Recomendación para la lectora:
- Tras los pasos de Jesús: Mujeres en los tiempos del Mesías.
Por: B&H Español Editorial. ISBN: 9781430094357 - Mujer de la Palabra: Cómo estudiar la Biblia con mente y corazón.
Por: Jen Wilkin. ISBN: 9781433691744 - Una mujer sabia: Principios para vivir como Dios lo diseñó.
Por: Wendy Bello. ISBN: 9781535997171 - Teología para el día a día – Estudio bíblico: Lo que crees importa.
Por: Mary Wiley. ISBN: 9798384538790
Gracias, por darnos la oportunidad de contar con lecturas que transmiten el ejemplo y amor de Dios.