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Estudio bíblico para mujeres escrito por Jen Wilkin

Por Magdalena Silva

La mayoría de los creyentes, asociamos la palabra Apocalipsis con el fin del mundo. Una idea que puede desencadenar imágenes aterradoras en nuestras mentes y fomentar una fobia ante la idea de escudriñar este libro de la Biblia. Pero por la gracia de Dios, Jen Wilkin abre un panorama distinto al explicarnos expositivamente la riqueza y propósito de este libro desde sus primeros tres versículos:  

«La Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto. Él la dio a conocer enviándola por medio de Su ángel a Su siervo Juan, quien dio testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo, y de todo lo que vio. Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas que están escritas en ella, porque el tiempo está cerca». (Apoc. 1:1-3, NBLA – Énfasis agregado) 

La palabra Apocalipsis, aclara Jen, significa develar o revelar algo. Dios mismo es quien devela lo que habrá de venir. Lejos de infundir temor, esta revelación propone alentarnos. Por esto Juan nos advierte que bienaventurados somos aquellos quienes leemos y entendemos sus palabras. A través de este detallado y bien elaborado estudio bíblico, la escritora nos invita no solo a leer juntas el libro de Apocalipsis sino también a entender y atesorar los símbolos e imágenes que magnifican el carácter excelso de Dios. 

Con esto en mente, Jen te compartiré tres principios bíblicos enfatizados en el estudio de Apocalipsis: Rey eterno, reino eterno, lo cual te llevará a deleitarte en cada página.  

  1. La perpetuidad de Dios provoca adorarlo 

Jen Wilkin nos lleva cuidadosamente de la mano por la travesía de redescubrir que Dios es y siempre ha sido. Desde antes de la fundación del mundo y por la eternidad, por los siglos de los siglos, Dios siempre ha sido Dios. Los simbolismos, imágenes, y particularmente los números que se repiten, nos dan una descripción magistral de la grandeza, poder y majestuosidad de Aquel que está sentado en el trono conmemorando que Él es perpetuo y Su reino no tiene fin.  

Cada serie de siete en las visiones de Juan, terminan por lo general con un estampado: todos los que están delante del trono adoran fervientemente al Rey de reyes, al Cordero que venció. Esas sublimes alabanzas de las cuales Juan testificó, son expuestas por Jen Wilkin con una convocatoria a saborearlas y anticiparlas como el anhelo más preciado de aquellos que hemos sido lavados con la sangre del Cordero.   

  1. La continuidad y congruencia de las Escrituras se basan en la unicidad de Dios 

En más de una ocasión he escuchado a mi esposo decir que el mejor comentario de la Biblia es la Biblia misma. Esta afirmación no puede ser más real en este estudio del libro Apocalipsis. Con pausas puntuales para «Mirar hacia atrás», Jen nos recuerda que el mensaje de las Escrituras es uno: realzar el nombre de Dios y la obra del Cordero. Desde la creación hasta la morada de la ciudad santa, Dios siempre ha tenido en mente una cosa, celebrar las bodas del Cordero.  

Cada una de las imágenes y símbolos que me llegaron a causar pánico, hoy tienen sentido y claridad. Su conexión con el resto de las Escrituras me reafirma que Dios es el autor principal. Y el exponerme a eso, me hace contemplar más Su deidad y esclarece cualquier penumbra que me alejaba de apreciar la magnificencia de ese texto y de Dios mismo. Desde los candelabros hasta la caída de Babilonia la grande, vemos el hilo de la unicidad de Dios enhebrando cada aspecto de Su historia, de Su gloria.  

Es fascinante hacer esta caminata a través de preguntas inductivas que nos llevan de un punto a otro con el mismo resultado: concluir que tanto el origen de la fuente de aguas de la Palabra como a donde estas desembocan son el mismo: Dios, y solamente Dios. Él es quien está detrás de todo. Él es el autor, protagonista, y director de Su historia. Cada tarea, ejercicio de comparación, visualización, creación de imágenes descriptivas, y preguntas de aplicación cumplen con el objetivo central de dar a conocer al Dios único, perfecto, y con eso el maravilloso mensaje de Su obra de redención. 

  1. La incomunicable soberanía de Dios 

Una de las verdades más confrontativas y a la vez deslumbrantes es el mensaje recurrente de la incomunicable soberanía de Dios. Dios es Rey y Él comunica o comparte algunos de Sus atributos con la humanidad que Él creo, pero hay un grupo de atributos que son incomunicables o no compartidos. La soberanía es uno de los atributos que son incomunicables o no compartidos. Nadie puede reclamar Su trono ni ponerse a Su nivel. Su reinado y autoridad están por encima de todo y de todos.  

Esto es algo que descubrimos en este estudio bíblico. Uno de los ejercicios más sencillos, y a la vez, significativos al que Jen nos invita a participar es contar cuántas veces encontramos la palabra «trono» en los capítulos 4 y 5 del libro de Apocalipsis. Aunque no te diré la respuesta, para que puedas ir a tu propio estudio; puedo decirte que me resultó abrumador ver la realidad de que ese Dios que demanda silencio absoluto ante Su presencia (Apoc. 8:1), es también Aquel que se humilló y tomó forma de siervo haciéndose obediente hasta la muerte. Él nos da la oportunidad de un día verlo cara a cara y escucharle decir «…Hecho está…» (Apoc. 21:6).  

Aún la ira y el juicio de Dios no son más que una expresión de Su amor, como la Jen nos asegura, diciendo «porque Dios ama tan profundamente a los santos, es necesario que todo daño hecho a ellos provoque Su ira. Sin amor, no hay ira».1 Estudiar las Escrituras así, con tanta dedicación y cuidado, es verdaderamente transformativo. Esto no significa que todos los enigmas que envuelven este libro han sido resueltos. Lo que sí significa es que hoy puedo clamar con mayor convicción, «Sí, ven, Señor Jesús».


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