Una reflexión en el Día del Autismo
Por: Denisse Manchego
Un domingo por la mañana, una hermana se me acercó con los ojos llorosos y me dijo:
«Mi hijo tiene autismo y me siento abrumada por las recurrentes llamadas de atención de parte de su maestra, sus compañeros de clase y hasta de los padres de familia».
Esta familia se estaba integrando a nuestra iglesia local y, mientras la escuchaba, me preguntaba, a mí misma, si nosotros también seríamos parte del grupo de personas que abrumarían a una madre que ya está luchando con la condición de su hijo o actuaríamos de una manera diferente. Mi anhelo creció hacia desear que ella encontrara descanso, compasión y ayuda en nuestra comunidad de fe. Y aunque el deseo estaba presente, nuestra la realidad era evidente: no estábamos preparados.
Según la Organización Mundial de Salud, en 2021 aproximadamente 1 de cada 127 personas vive con trastorno del espectro autista. Se describe como una condición del desarrollo que afecta principalmente la comunicación y la interacción social, aunque se manifiesta de maneras diferentes en cada persona. Algunos necesitan apoyo constante durante toda su vida, mientras que otros pueden desenvolverse con mayor independencia.1
Estos datos reflejan la realidad actual dentro de nuestras iglesias, y debemos reconocer con humildad que muchas veces no sabemos cómo recibirlos. La iglesia es responsable bíblicamente de convertirse en un apoyo espiritual y brindar ayuda práctica tanto a los padres como a sus hijos, como un reflejo de lo que significa amar como Cristo y ser santificados los unos a los otros. Por eso me gustaría compartir contigo varias características que describen cómo luce el cuidado de las familias que enfrentan estas circunstancias,
1. Brinda ayuda a los padres
Quita la vergüenza
Muchas veces, los padres sienten que llegan a «un lugar más» donde recibirán preguntas incómodas o constantes correcciones. Sin embargo, la iglesia debe ser un lugar que los reciba con gracia y amor.
En el Nuevo Testamento leemos que un día los discípulos le preguntaron acerca de un hombre que había nacido ciego: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?» (Juan 9:2). Jesús respondió: «No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él» (Juan 9:3). Cuando leo esta historia, puedo imaginar lo aliviados que pudieron sentirse los padres de aquel hombre. Jesús dejó a los padres libres de vergüenza al hacerles entender que todo está bajo la voluntad de Dios. La condición de su hijo no era consecuencia de un pecado, sino una oportunidad para que la gloria de Dios se manifestara.
De la misma manera, la iglesia debe reflejar la misma gracia que se le fue mostrada en Cristo: no añadir cargas, sino aliviarlas; no señalar, sino acompañar; no avergonzar, sino recordar que incluso en medio de realidades difíciles, Dios sigue obrando y mostrando Su gloria.
Dales esperanza
En medio de tratamientos y consultas médicas, los padres pueden perder de vista la manera en que Dios nos llama a vivir. El autismo, como muchas otras realidades humanas, nos recuerda que vivimos en un mundo afectado por la caída, y que esa realidad no es el final de la historia. Dios quiere que vivamos con nuestros ojos puestos en la esperanza eterna y creer que toda limitación desaparecerá cuando estemos en la presencia del Señor (Apoc. 21:4).
Una madre que cuida de un niño que está dentro del espectro autista necesita caminar junto a hermanos que constantemente le recuerden el evangelio. La Palabra de Dios dice: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo» (Gál. 6:2). De manera práctica, te invito a ser intencional en integrar a estos padres a los diferentes ministerios que tiene tu iglesia local, presentarles a otros hermanos e incluso considerar asignar una pareja que camine con ellos.
2. Brinda ayuda al hijo
Prepárate
Muchas veces la falta de inclusión no es falta de amor, sino falta de preparación. La iglesia quizá no es un centro especializado, pero sí es responsable de prepararse para la llegada de un niño con necesidades especiales. Los maestros de escuela dominical, quienes están interactuando directamente con los niños, deben buscar capacitarse a través de recursos digitales o presenciales y utilizar herramientas que les ayuden a enseñar de manera adecuada.
Por ejemplo, Lifeway tiene recursos para niños como Proyecto Evangelio y Estudios Bíblicos para la Vida que consideran las diferentes maneras en que los niños aprenden y pueden adaptarse al contexto de cada iglesia local.
Es parte de la hospitalidad bíblica el velar porque todos en la iglesia se sientan bienvenidos, así que es nuestra responsabilidad prepararnos para recibir a todos.
Alinéate al propósito de Dios
El propósito principal de prepararnos como iglesia es recordar que todos necesitamos un Salvador. Debemos buscar presentar el evangelio tanto desde el púlpito con la predicación, como en las aulas de niños.
Jesús se acercó a quienes la sociedad ignoraba y nos mostró que todos necesitamos una nueva vida en Él.
Ora
La oración no debe ser el último recurso, sino una práctica constante mientras buscamos ser una iglesia que recibe a personas con necesidades especiales.
- Ora por los padres, para que encuentren en tu iglesia una bienvenida que refleje el amor de Cristo.
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Ora por las personas con espectro autista, para que al llegar a su salón de clase puedan tener, al igual que todos, la oportunidad de conocer a Dios y amarlo.
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Ora por tu iglesia, para que sea un lugar donde todos puedan conocer a Dios.
Ama como Cristo
Es una realidad que muchas familias con hijos con necesidades especiales dejan de asistir a la iglesia local. No siempre por falta de fe, sino porque no encuentran un lugar donde se provea para la necesidad física y espiritual de su familia. Muchos padres anhelan sentirse comprendidos, acompañados o simplemente bienvenidos.
Como iglesia, debemos reflejar el corazón de Cristo: un corazón que no rechaza, no se incomoda ni se aleja, sino que se acerca, recibe y ama con paciencia (Mat. 11:28, 1 Cor. 13:4). Que este Día del Autismo no solo nos lleve a reflexionar, sino a actuar con gracia, intencionalidad y compasión, para que nuestras iglesias sean lugares donde cada familia pueda encontrar descanso, esperanza y el amor de Cristo.
Recomendación para la lectora:
El evangelio para vidas desordenadas. Por Robert D. Jones, Kristin L. Kellen y Rob Green. ISBN: 9798384512417
Juntos en armonía: La comunidad que marcó la iglesia de Hechos 2. Por Ben Mandrell. ISBN: 9798384536864
El corazón de Jesús: Lo que Él realmente siente por ti. Por Dane C. Ortlund. ISBN: 9798384524885