Por: Verónica Rodas
Cada 25 de noviembre, el mundo alza su voz contra la violencia hacia la mujer. Año tras año se multiplican las propuestas sociales, las marchas, los discursos y las posturas, con la finalidad de promover una mirada del dolor que responde más a una agenda política que a la verdadera solución del dolor: «el evangelio». Como cristianos ¿cómo tenemos que responder? sin lugar a duda, no desde un pensamiento humano, sino desde una mirada cristiana, basada completamente en lo que Dios ya nos ha revelado. Veamos el problema en su profundidad y la única solución que existe.
El pecado, la raíz del maltrato
La violencia contra la mujer no es una realidad reciente, es el fruto del pecado que entró al mundo desde Génesis 3. El diseño de Dios era que el hombre y la mujer reflejen juntos Su imagen (Gén. 1:27). Pero ese diseño fue corrompido por el egoísmo, el dominio y la rebelión. A lo largo de los años el pecado ha producido consecuencias dolorosas: sufrimiento, injusticia y abuso (Sant. 1:15). La Biblia no esconde estas realidades, sino que las muestra para que entendamos y veamos cuánto necesitamos a Cristo, por ejemplo:
- La concubina del levita (Jue. 19)
Una mujer fue entregada a hombres perversos, abusada hasta la muerte y tratada como un objeto. Su historia conmovió a todo Israel y mostró cuán profundo puede caer el ser humano cuando se aleja de Dios.
- Tamar (2 Sam. 13)
Una mujer joven, hija del rey David, abusada por su propio hermano. Después de ese abuso fue despreciada y olvidada. Esta historia muestra cuán común es el silencio y la injusticia en contextos familiares.
Estas historias nos duelen, son injustas y duras de asimilar. Pero también nos dan esperanza al saber que Dios las incluyó en Su Palabra para mostrarnos cuán roto está el mundo por causa del pecado pero que en medio del sufrimiento Él ve nuestro dolor, lo toma en serio, no lo oculta, no lo minimiza y no lo justifica.
Jesús, compasivo, justo y transformador
Jesús no ignoró el dolor de las mujeres, ni las convirtió en un discurso, Él se acercó a las heridas más profundas y las sanó con verdad. Miremos algunos ejemplos:
- La mujer samaritana (Juan 4) marcada por el rechazo y los fracasos, conoció a Jesús, quien le habló con respeto, le enseñó su situación con verdad y le ofreció el agua viva que sacia para siempre.
- La mujer sorprendida en adulterio (Juan 8). Jesús la defendió, confrontó a quienes la juzgaban y la llamó a una nueva vida. Él le dijo: «…vete y no peques más».
- La mujer con flujo de sangre (Mar. 5:25-34). Era considerada impura por su enfermedad. Jesús no solo la sanó, sino que la llamó «hija». Fue una restauración total.
- La mujer endemoniada (Luc. 8.2). Liberada de siete demonios, fue transformada por completo, convirtiéndose en discípula fiel de Jesús, siendo la primera testigo de su resurrección.
Jesús nos dejó el ejemplo, ahora la iglesia está llamada a seguir Sus pasos, sin tomar métodos mundanos.
La iglesia no se conforma al mundo
La iglesia no sigue fechas ni movimientos que responden a agendas ideológicas o humanistas, Su misión no es seguir las corrientes del mundo. Pablo dice claramente: «No os conforméis a este siglo» (Rom. 12:2). Es decir, no tomen la misma forma de este mundo, no sigan las mismas corrientes de este sistema. Ahora, esto no significa que la iglesia deba permanecer pasiva ante el sufrimiento, al contrario, su rol es claro y bíblicamente definido. Vamos a mencionar tres de ellos:
- La iglesia proclama el evangelio.
La iglesia tiene la misión de anunciar la única verdad que tiene el poder de cambiar completamente el corazón herido: «…Id por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura» (Mar. 16:15).
- La iglesia consuela a los quebrantados.
La iglesia debe ser un lugar donde los heridos son restaurados con amor y verdad: «…me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados» (Isa.61:1-2).
- La iglesia ofrece restauración completa.
No se trata solo de consuelo, la iglesia proclama que en Cristo hay una nueva vida redimida por el poder del evangelio: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Cor. 5:17).
Restauración real solo en Cristo
El mundo puede ofrecer estrategias. discursos y terapias, pero ninguna solución humana puede sanar las heridas más profundas. Solo Cristo tiene el poder de restaurar completamente a una mujer herida. No se trata solo un consuelo emocional, sino una transformación real. En Lucas 4:18 nos recuerda que Jesús vino a «vendar a los quebrantados de corazón» y a «poner en libertad a los oprimidos», esta es una declaración de autoridad. Él es el único que puede sanar el daño causado por el pecado, restaurar la dignidad robada, y dar libertad verdadera a quienes han vivido oprimidas por el abuso, el dolor y la vergüenza. Mujer, si estás pasando por alguna situación de dolor, Cristo no solo ve tu herida, la toca con poder. Él no solo escucha tu dolor, lo transforma. No hay historia tan triste que Él no pueda redimir.
Conclusión
Como mujeres cristianas, no necesitamos seguir las formas del mundo para señalar lo que está mal. Nuestro mensaje nace de algo más poderoso: la verdad de Dios que transforma, la cruz de Cristo que redime y la esperanza que no avergüenza. No se trata de callar ante el mal, pero tampoco hacerlo como lo hace el mundo, al contrario debemos hablar con el poder del evangelio, confiando que Cristo sana lo que el pecado destruye, y esa es la única restauración verdadera.
Recomendación bíblica para profundizar
El libro Mujer de la Palabra, de Jen Wilkin (B&H), es un recurso que puede ayudarte a conocer a Dios profundamente por medio de Su Palabra. Te ayuda a entender que una mujer que ama la verdad será fuerte en tiempos de dolor y confusión. Aquí otros recursos:
- Libre de vergüenza: Estudio bíblico con videos para mujeres: Luchando contra la vergüenza con la Palabra de Dios. Por: Scarlet Hiltibidal
- El evangelio para vidas desordenadas. Por: Robert D. Jones
- Manso y humilde: El corazón de Cristo para los pecadores y heridos. Por: Dane C. Ortlund
- Profundo: Cambio real, para pecadores reales. Por: Dane C. Ortlund
- Apocalipsis: Estudio bíblico con videos para mujeres: Rey eterno, reino eterno. Por: Jen Wilkin
Verónica Rodas es esposa del pastor Luis Rodas. Madre de Cintia (17) y Zoé (6). Juntos sirven al Señor en Córdoba, Argentina. Su anhelo es mostrarle a la mujer lo deleitoso y hermoso que es ser discípula de Cristo.
Jesús el Cristo, es el ancla de mi alma.