Muchas de nosotras pensamos que la confusión acerca de la verdad es un fenómeno contemporáneo; sin embargo, este se originó inmediatamente después de la creación, en el Jardín del Edén. El ruido comenzó cuando nuestro adversario, de forma astuta, generó incertidumbre acerca de la verdad, y al pecar Adán y Eva, se inició una lucha por la verdad. Una simple pregunta con fines malintencionados generó suficiente ruido para desorientarlos. Y desde ese momento, el ruido que esta confusión genera se ha intensificado con cada generación que transcurre.
Como Cristo es la verdad, tiene sentido que el instrumento que el maligno use sea la mentira. El problema es que necesitamos de los audífonos que el Espíritu Santo nos concede al convertirnos. Sin ellos, el ruido del fondo ahoga la verdad, porque somos sordas espiritualmente.
Al igual que todos los seres humanos, hemos sido creadas a la imagen de Dios, por lo cual todas poseemos un deseo innato de buscar la verdad y, desde el inicio, hemos perseguido la verdad. El problema es que lo hemos buscado mediante nuestras propias fuerzas, lo cual es imposible porque necesitamos los audífonos para capacitarnos.
Por lo tanto, al apoyarse en lo que las generaciones anteriores consideraron verdad, pero no lo era, hoy existe una multitud de falsedades aceptadas como si fueran verdaderas. Y al existir tantas «verdades» diferentes, se ha generado un relativismo, resultado de no conocer la verdadera Verdad, lo que solo incrementa el ruido.
Para entender el poder de esta confusión, será apropiado evaluar el «ruido» que Pilato percibía durante el juicio de Jesús, lo cual ejemplifica su sordera espiritual. Pilato era un funcionario durante la época de Tiberio que contaba con un cierto grado de protección, mientras que el influyente oficial romano Sejano lideraba la Guardia Pretoriana. Sin embargo, al ser ejecutado por conspiración, Pilato tuvo que ser muy cauteloso para no provocar la ira de Tiberio. Además, Pilato no quería ser visto como alguien que instigó una perturbación pública en su provincia, para no atraer la atención de sus superiores en Roma, quienes atribuirían a ello su incapacidad para gobernar. He aquí su dilema. Pilato no creía que Jesús merecía la pena de muerte, pero no quiso enfadar a los líderes judíos. Y, por si fuera poco, su esposa vino a él perturbada por un sueño que había tenido, advirtiéndole que Jesús era inocente. Entonces, leemos en Juan 18:37-38b: «“¿Así que Tú eres rey?”, le dijo Pilato. “Tú dices que soy rey”, respondió Jesús. “Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha Mi voz”. Pilato le preguntó: “¿Qué es la verdad?”» (NBLA).
El relativismo de la verdad ya era evidente en la mente de Pilato, y esto muestra que sin el Espíritu Santo es imposible comprenderla.
Pilato contaba con numerosas «verdades»: tenía que preservar su labor, preservar su reputación, evitar altercados para que las autoridades romanas no creyesen que era incompetente; en su opinión, Jesús era inocente, pero la multitud lo condenaba. Él debía determinar cuál de las verdades escogería. Lamentablemente, la verdad que seleccionó resultó ser incorrecta. El ruido era tan potente, que la Verdad estaba parada frente a él, pero no pudo reconocerla.
Y esto es el mundo en que vivimos, un mundo donde diversas «verdades» compiten por nuestra atención. Después de más de dos mil años, tampoco la reconocemos a menos que sea revelada por nuestro gran Dios. Incluso, teniendo al Espíritu Santo morando en nosotras, Su verdad contradice nuestros pensamientos (Gál. 5:17). Por eso, debemos estudiar y meditar sobre Su Palabra, que es la Verdad (Juan 17:17), y comunicarnos con Él mediante la oración para poder entender y escuchar la Verdad. Al igual que Pilato, si no estamos en sintonía con la Verdad, nuestras elecciones serán incorrectas, generando consecuencias en nuestras vidas.
Al comprender que Sus caminos no son los nuestros (Isa. 55:8), podemos valorar las «verdades» del mundo que hallamos para poder rechazar la falsedad y avanzar en la única verdad que existe. La verdad que nos conduce hacia la paz y el gozo mientras caminamos aquí, y también hacia la gloria cuando nuestra misión en la tierra haya finalizado. Al comprender la Verdad con más profundidad sería más difícil ser engañadas por nuestro enemigo.
Entonces, ¿qué camino optaremos, por la puerta estrecha y la senda angosta que nos conduce a la vida (Mat. 7:14), o por el camino que nos lleva a la muerte (Prov. 14:12)? Nosotros tomamos la decisión. ¡Elija con sabiduría!
Cathy de Núñez, es parte del ministerio para mujeres “Ezer” de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, directora del Programa Radial Mujer para la gloria de Dios, escritora del libro “El ministerio de mujeres” y co-escritora del libro “Revolución Sexual” junto con su esposo el pastor Miguel Núñez. Puedes seguirla en Facebook y Twitter.