Por Cathy Scheraldi
El primer paso para vivir en un mundo caótico es reconocer el caos. Desde que nacemos estamos inmersas en el caos de la batalla espiritual por la verdad. Por eso, terminamos aceptando el caos como algo normal, hasta que finalmente se convierte en la verdad para nosotras.
¿Cómo produce confusión esta batalla? Haciéndonos creer que la mentira es la verdad. Como Cristo es la Verdad, no debería asombrarnos que la batalla sea acerca de la verdad y ruja en nuestra mente. En un mundo dirigido por Satanás, constantemente recibimos diversas «verdades», las cuales requieren que las procesemos para entonces decidir su veracidad.
Como Cristo es la única Verdad, Satanás presenta múltiples versiones de ella, con distintas ideas, desplazándola al relativismo. Este desplazamiento ha llegado a tal grado que muchas veces hemos creído la mentira de que no es el Creador quien determina lo que es verdad, sino los hombres.
Dado que es imposible reconocer a Cristo sin la intervención del Espíritu Santo, junto con el hecho de que fuimos creadas a la imagen de Dios, todas poseemos un anhelo innato de buscar la verdad con la intención de llegar a ser sabias, y entonces la búsqueda de la verdad es interminable porque nunca llegamos a reconocerla. La pregunta es: ¿dónde la estamos buscando?
Satanás ha cegado el entendimiento del mundo (2 Cor. 4:4), presentando diferentes falsedades, pero no solo las presenta como la verdad, sino que las hace parecer hermosas y sabias. El problema radica en que la sabiduría del mundo es «terrenal, natural, y diabólica» (Sant. 3:15, NBLA), evidentemente debido a que proviene del plan de Satanás y, por lo tanto, el único lugar donde nos puede conducir es al camino a la muerte (Prov. 14:12).
Dios es un ser infinito y está más allá de nuestra comprensión; por lo tanto, lo que Él ha creado también es complejo. Debido a que todo lo que Satanás realiza contradice lo que Dios es o desea, él dirige el mundo a concentrarse en los aspectos superficiales para engañar a las personas, haciéndole creer que la vida es sencilla. Por ejemplo, se centra en las apariencias donde los cambios son más fáciles de lograr, pero son de duración limitada. Mientras lo que Dios nos pide es más profundo y complicado e imposible de lograr sin Él: un cambio del corazón. ¡Mientras creemos que somos capaces, no existe motivo para buscar a Dios! Incluso como creyentes, mientras Satanás nos distrae enfocándonos en lo exterior, desestimamos lo que verdaderamente tiene valor: la mente y el corazón.
Cuando la cultura fundamenta su sabiduría en la apariencia, vive en una rebeldía contra la verdadera sabiduría. Es imprescindible comprender que la apariencia resulta atractiva y transmite poder, mientras que las virtudes de Cristo suelen considerarse débiles o sin valor. Por eso, en esta batalla espiritual, las ideas, la belleza y el poder se han convertido en metas que el mundo busca alcanzar.
Es evidente que el mundo ha rechazado la sabiduría para, de manera necia, levantar las falsedades como verdad. La belleza promete poder, riquezas, fama y una buena vida mientras simultáneamente presenta la sabiduría verdadera como aburrida, mostrando que no es simplemente un rechazo a la verdad, sino deliberadamente presentándola como mala mientras presenta lo malo como bueno (Isa. 5:20).
La batalla consiste en dos maneras de pensar en contraposición una a la otra, evidenciando que no es simplemente una negación de la verdad, sino que las falsedades están presentadas como hermosas y válidas. La pregunta que debemos hacernos siempre es: ¿quién posee el derecho para establecer la verdad? ¿El Creador o la criatura? Por la complejidad de la vida, debería ser el Creador, a pesar de que Satanás ha convencido al mundo de que ellos pueden lograrla.
El paso siguiente después de creer en Cristo como nuestro Señor y Salvador es estudiar Su Palabra, donde encontramos la Verdad (Juan 17:17). ¡Es imprescindible entender la Verdad para implementarla en nuestra vida, de manera que podamos santificarnos obteniendo el poder para ganar las batallas! Esta aplicación de Su Palabra a nuestra vida es donde Cristo se convierte en realidad (Juan 14:21), y es aquí donde adquirimos la comprensión acerca de la profundidad del pecado en nuestro corazón, la incapacidad de quitarlo y el poder de Dios en realizarlo. Es en este lugar donde se aprende que Sus caminos no son los nuestros (Isa. 55:8) y, aún más grave, que nuestros deseos se oponen al Espíritu (Gál. 5:17) exhibiendo la necesidad de tomar nuestra cruz y seguirlo (Mat. 16:24), que transformará nuestra mente (Rom. 12:2). Esta transformación sucede cuando al comparar las creencias culturales con la verdad de la Escritura, identificamos las falsedades y las reemplazamos con la verdad bíblica. Este proceso durará toda la vida, pero cultivará en nosotras una vida de fe mientras crecemos en intimidad con Cristo.
Cathy de Núñez, es parte del ministerio para mujeres “Ezer” de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, directora del Programa Radial Mujer para la gloria de Dios, escritora del libro “El ministerio de mujeres” y co-escritora del libro “Revolución Sexual” junto con su esposo el pastor Miguel Núñez. Puedes seguirla en Facebook y Twitter.