Por: Yicell de Ortiz
«[…] Ella será llamada Mujer […]» (Gén. 2:23, NBLA).
Como mujeres, nuestra sexualidad forma parte del diseño con el que Dios nos creó y, por tanto, de nuestra identidad. Dios nos hizo así y eso es bueno, porque nos creó a Su imagen. Mirar nuestra sexualidad desde la Escritura es fundamental para comprender de manera íntegra los propósitos de Dios.
No debemos ver nuestra sexualidad con vergüenza ni desagrado, sino como parte de la voluntad de Dios. Él nos formó con amor y esmero. Génesis nos relata que, después de formar al hombre, con expresión de profundo agrado creó a la mujer, plasmando en ella un encanto muy especial que caracterizaría su esencia de manera digna y como un don de Dios.
«…pero para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él. Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y este se durmió. Y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar» (Gén. 2:20-21, NBLA).
Es importante que sepamos que nuestra sexualidad no se formó al azar, sino que fue planificada por Dios desde el principio como parte de Su diseño divino.
«Porque Tú formaste mis entrañas […]. Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho…» (Sal. 139:13-14).
Nuestra sexualidad, junto con la masculina, forma parte del propósito de Dios de hacer del hombre y la mujer «una sola carne» como un acto de unión en la intimidad física, emocional y espiritual, dentro del marco matrimonial, tal como lo expresa este versículo: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gén. 2:24). Conocer las Escrituras nos hace libres de ideas equivocadas, distorsionadas y pecaminosas sobre nuestra sexualidad y su propósito.
En Génesis también leemos sobre la ruptura de la armonía con la que Dios la había creado. Con la entrada del pecado y la caída del hombre, la sexualidad también fue afectada. La buena noticia es que Dios nos muestra esperanza en Su Palabra. Él nos alienta a no ser definidas por el pecado, sino por nuestra identidad en Cristo.
Ver nuestra sexualidad a la luz de la Palabra nos hace amar nuestro diseño, valorarlo y ver la belleza que Dios plasmó en nosotras. También aprendemos a ver nuestro cuerpo como algo digno y de sumo valor, lo cual tiene implicaciones para nuestra sexualidad. Pablo nos recuerda: «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios…» (1 Cor. 6:19).
De este versículo aprendemos que:
- Nuestro cuerpo no debe ser tratado como algo que se desprecia.
- No debe ser tratado como un objeto.
- Debe ser tratado con amor.
- Debe ser tratado con respeto y valor.
- Debe ser tratado con dignidad y honra.
Todo esto abarca nuestra sexualidad, la cual debe verse como un hermoso regalo de Dios, creado para la intimidad conyugal y vivido con respeto, amor y honra.
En Efesios 5 vemos que nuestra sexualidad está enmarcada por la dignidad, el amor y el cuidado. Pablo dice: «Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama» (Ef. 5:28). En este pasaje, Cristo es el modelo a seguir: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella» (v.25).
Además, en la Escritura vemos a Jesús en los Evangelios acercándose a mujeres de algún modo relacionadas de manera pecaminosa con su sexualidad. Vemos a Jesús restaurando, perdonando con amor y valor. Es el caso de la mujer samaritana en Juan 4 y la mujer sorprendida en adulterio en Juan 8. En ambas historias, Jesús expresó gracia, perdón, dignidad y transformación.
Querida mujer, nuestra sexualidad no está determinada por nuestra historia, ni las cosas que nos fueron enseñadas de maneras equivocadas, sino por Dios, nuestro Creador. Sin embargo, mientras vivimos en un mundo afectado por el pecado, debemos tener cuidado de no ver nuestra sexualidad como el mundo desea que la veamos. Hacer uso de la sexualidad de la manera equivocada siempre traerá malas y dolorosas consecuencias.
Lamentablemente, hoy día esta distorsión ha alcanzado grandes escalas debido a la constante saturación de información e imágenes que buscan influenciarnos hacia prácticas pecaminosas. Las redes sociales, internet y los dispositivos son las vías usadas para continuar promoviendo esta visión distorsionada de la sexualidad. Por eso es necesario que, como hijas de Dios, hablemos del tema de la sexualidad y lo veamos como un tema espiritual que debe ser presentado bajo los fundamentos de nuestro Creador.
Ante esta realidad, Dios nos ofrece la esperanza que encontramos en Cristo para traer libertad y consuelo, tal como lo vemos en la vida de las mujeres que Él restauró en los Evangelios.
Si tenemos dudas sobre nuestra sexualidad o pensamientos que nos abruman, ¡vayamos a Cristo! Él nos invita a acercarnos a Él y expresarle nuestros sentimientos más íntimos. En Él encontramos verdaderamente respuestas, seremos renovadas y sanadas.
No olvidemos que:
– Dios desea ser honrado también con nuestra sexualidad, y por Su gracia podemos hacerlo.
– Necesitamos a Cristo y Su Palabra para mirar nuestra sexualidad de la manera adecuada.
Te invito a reflexionar en estas seis verdades de la Escritura:
- Como creación de Dios, nuestra sexualidad fue pensada con esmero y fue buena (Gén. 1:31).
- Nuestra sexualidad no vino a causa del pecado, sino que fue distorsionada y desordenada por el pecado (Gén. 1:27).
- Nuestro cuerpo pertenece al Espíritu Santo (1 Cor. 6:19–20).
- El disfrute de nuestra sexualidad se expresa en el vínculo matrimonial dándole valor y dignidad a nuestro diseño (Gén. 2:24).
- Nuestra sexualidad es un don de Dios con propósitos especiales (Gén. 1:28).
- Cristo restaura nuestra sexualidad con perdón y dignidad (Juan 4 y Juan 8).
A continuación, encontrarás cinco preguntas para reflexionar con sinceridad sobre lo que pensamos de nuestra sexualidad como hijas de Dios:
- ¿Creo realmente que mi cuerpo fue creado por Dios y es «bueno», como enseña Génesis 1:27–31?
- ¿Cómo ha influido mi crianza en la manera en que veo mi sexualidad?
- ¿Veo mi sexualidad más con vergüenza o con propósito?
- ¿Entiendo que mi valor no está determinado por mi historia sexual?
- ¿Qué pensamientos negativos tengo sobre mi cuerpo que necesitan ser confrontados con la verdad bíblica?
Recomendaciones para la lectora:
Revolución sexual: Una mirada bíblica y científica. ISBN 9781535924917
Ser mujer: La confusión sobre la identidad femenina y cómo los cristianos deben responder. ISBN 9798384500285
Dignas: Celebrando el valor de la mujer. ISBN 9781087778457
Mujer verdadera: El maravilloso diseño de Dios para ti. ISBN 9781433692314
Yicell es dominicana. Es miembro de la Iglesia Summit en español en Raleigh, Carolina del Norte, USA. Estudió psicóloga clínica, realizó un Diplomado en Discipulado Femenino en el Instituto Integridad y Sabiduría, también tiene un certificado en Consejería Bíblica, avalado por el Instituto Encarga de Colombia y The Institute For Biblical Counseling & Discipleship. Es autora de Ebooks los cuales son recursos dirigidos a la mujer, sus matrimonios y para nuevas creyentes.
Está casada con Jehiel Ortiz, quien es misionero del ministerio Trans World Radio, un hombre apasionado por Dios y Su Palabra, a quien le encanta enseñar sobre la Biblia.
Yicell colabora como voluntaria en el departamento hispano del ministerio Trans World Radio. También colabora escribiendo para el ministerio Lifeway Mujeres y en su congregación forma parte de las líderes de grupo de estudios de mujeres.
Puedes encontrar los ebooks y los escritos de Yicell en su blog yicelldeortizblog.com. Ella, su esposo y sus hijos Laura Isabel y Luis Eduardo viven actualmente en la ciudad de Carolina del Norte, Estados Unidos.